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domingo, 17 de marzo de 2013

Día mundial del síndrome de Down. 21 de marzo

Debido a mi trabajo en Consejos de mamá he entrado en contacto con Eliana Tardío, una fantástica mamá con una energía increíble y positiva donde las haya.
Eliana tiene dos hijos nacidos con síndrome de Down y los cría sola. En su web www.elianatardio.com ayuda, da información y sobre todo une a una gran comunidad de familias con hijos discapacitados.

¿Recordáis el testimonio que os traje hace tiempo?
Lo compartía Ushi, MSPE de un niño con síndrome de Down y en busca del segundo, al que por cierto ya tuvo. Os lo traigo de nuevo, Ushi, pues es muy interesante.

Hoy, a cuatro días de que se celebre el Día mundial de las personas con síndrome de Down os quiero traer una historia nueva de una niña que ha conseguido ser bailarina. Yo también lo fuí bailarina y sé la felicidad que le puede estar trayendo la danza... Bailarina con síndrome de Down.

Si queréis leer el artículo que ha escrito Eliana para celebrar este día, por favor, pinchad aquí.



domingo, 17 de junio de 2012

Serie "El donante". Fantasias envasadas

Como ya os comenté esta serie se ha estrenado en Argentina donde se encuentran actualmente inmersos en una gran reforma sobre las leyes de reproducción asistida,maternidad subrogada la identidad, donaciones. Una de las cosas que se van a hacer a partir de ahora es que las personas nacidas por cualquier tipo de donación, van a llevar una nota de ello en su partida de nacimiento y así no estará en manos de sus padres la decisión de que ellos lo sepan. El artículo me ha parecido muy interesante y muy bien razonado, aunque como digo yo siempre ...ya veremos qué dicen nuestros hijos. Para ver la serie pincha aquí Fantasías envasadas Una ficción –de las ganadoras del concurso Ficción para todos – financiada por el Incaa pone semana a semana en la pantalla de Telefe el absurdo de convertir a un donante de semen en un padre de 144 “hijos” a los que sale a buscar con la primera de los productos de su donación, que llegó a él robando datos. Se trata de una ficción, está claro desde el principio, pero no puede soslayarse que los supuestos de esta ficción se basan en prejuicios, miedos y una concepción de familia que atrasa al menos diez años. ¿Cómo la verán las familias, los padres, las madres, los hijos y las hijas que se convirtieron en tales porque alguien que no quería paternar o maternar donó su material genético? ¿Hay espacio para seguir pensando que alguien que deja sus fluidos en un envase sólo por eso puede ser llamado padre? Por Flor Monfort “Ella está buscando un padre, no un amigo”, le dice Raúl (Rafael Ferro) a su amigo Bruno (Carlos Belloso) en la ficción, El donante –martes a las 22.15 por Telefé–. Se lo dice porque él está desesperado, quiere sacarse de la cabeza a esa chica de ojos azules y nariz rara (parecida a la suya, ¡oh!) que lo increpó en el bar de Puerto Madero del que es habitué con la frase menos pensada: “Soy tu hija”. Bruno la rechaza, “yo no tengo hijos”, le dice con coherencia, pero enseguida empieza a escuchar el eco de estas palabras mágicas como un mantra del infierno. De ella y de las decenas de hijos e hijas que hicieron del semen que donó a los veintipico personas de carne y hueso, tal vez mujeres con las que querría acostarse, varones a los que maltrataría como empleados, bebés que lloran a la medianoche. Y lo larga al viento de Figueroa Alcorta cuando Violeta le dice la cantidad exacta “¿144 hijos?”. Sí, dice hijos. Y dice 144 (no 20 por ejemplo, lo que alcanzaría para la trama). El donante está producida por Cuatro Cabezas, que fuera más conocida como factoría marca Pergolini creadora de CQC y su formato exportador, merced a un premio aportado por el Incaa en su concurso Ficción para todos, de la que fue ganadora en 2011. Son trece capítulos (recién se emitieron tres) que en clave de comedia y con chiste virtual incluido (una intervención animada que permite a los personajes dibujar en el aire o aportar un dato que no puede ser dicho de manera oral) cuenta las aventuras de Violeta (María Alché), una chica de 22 años que decide rastrear al donante que habilitó a su madre, Carolina (María Carámbula), a inseminarse y convertir en realidad su voluntad de ser madre soltera (a quien su propia hija tilda de “rara” por tomar esa decisión, en un anacronismo ridículo). Violeta quiere saber quién es su “papá”, y lo consigue en tiempo record a través de los datos de la clínica, un método de seducción asombrosamente efectivo y veloz que la deja acceder a los registros computarizados y conocer el nombre y apellido que está buscando. Ante él se presenta y le escupe la verdad que tiene en la garganta. Y no sólo descubre que el ingeniero Bruno Sartori es su “padre”, sino que el semen que le permitió a ella ser la persona que es lo hizo también con 143 más, hecho que los pondrá juntos en la carrera por conocer las historias de cada uno de estos chicos, chicas y hasta bebés (como bien imagina el protagonista) desperdigados por la ciudad y el mundo. Basta con poner algunas de las gruesas ideas de El donante bajo la lupa para entender por qué algunas organizaciones pusieron el grito en el cielo con esta fanfarria de la hija que busca al “padre”. Si una ficción como Vidas robadas puso en la mira la trata de mujeres con fines de explotación sexual y sirvió para hacer de esa expresión una consigna asociada al nombre de Susana Trimarco y con ella a los miles de familias que buscan a sus hijas, esposas y madres desaparecidas, es difícil quitarle magnitud al hecho de que otro programa de ficción contribuya a hacer circular ideas erróneas sobre la identidad, el origen y los vínculos construidos a través de la reproducción asistida. Pero ¿qué es lo que mueve a un grupo de guionistas, “cabezas” de una productora con trayectoria, a imaginar que la verdad sobre una persona se construye a través de un encontronazo con quien no quiso traerla al mundo? Hay más de un prejuicio y muchas fantasías dando vueltas en relación con conceptos tan complejos como la identidad y el origen, conceptos que entran a tallar en vidas ajenas y de los que muy fácil se pueden sacar conclusiones, pero que lleva años digerir cuando se escuchan con nombre propio. Basta con recordar los relatos que hacen de la sustracción de bebés en la dictadura una trama difícil de reconstruir y no siempre con los mismos resultados: están quienes se reencontraron con su historia, su nombre verdadero, un pasado donde sus vidas fueron pensadas y deseadas y quienes tardan años en procesar la información y prefirieron hacer como si no existiera. Y se trata de personas que fueron sustraídas de sus familias, no de personas cuyo material genético fue donado a cambio de una pequeña suma de dinero y que no formaron parte del proyecto de quienes ayudaron a que vengan al mundo. SER O NO SER, HE AHI EL PROBLEMA El tema de la paternidad aparece como una especie de obviedad innecesaria desde el minuto cero. El protagonista le pide al mozo que lo atiende siempre que le cuente sobre sus nietos, la hija del matrimonio amigo reclama su presencia porque lo adora y sus guiños cancheros con la nena nos hacen sospechar de lo buen padre que sería, hasta que aparece Violeta y lo descoloca, pero tarda un solo día en llamarla: finge otra voz pero tan mal que logra que la chica se dé cuenta de que es él y que, claro, se pueden ver cuanto antes. Julieta Shama, jefa del departamento creativo de Cuatro Cabezas, defiende el programa. “Nos asesoramos mucho, pero esto es una ficción, no estamos intentando levantar una bandera de nada; de hecho en la Argentina esto no podría pasar porque la donación es anónima, hay un registro de donantes por el tema de las enfermedades, pero esto no está legislado. Nos basamos más en lo que pasa afuera del país, como en Inglaterra, donde algunos chicos y chicas que hoy tienen 20 años se preguntan por sus vínculos biológicos. Para nosotros es difícil pararnos desde un lugar solemne y bajar línea, por eso hicimos una comedia. Es la serie más original que hubo en la Argentina en los últimos 15 años en cuanto a tratar una temática que no tiene que ver con el costumbrismo, es una ficción al mil por mil, es casi una ciencia ficción...”, dice y cree que el programa puede sumar al debate y ayudar a que el tema se ponga en foco. Sobre la confusión que puede generar el mezclar conceptos o tratarlos con liviandad, explica: “Todos empezaron a hablar antes de verlo. Salieron notas de asociaciones quejándose, pero a nosotros no nos llegó nada puntual. En un momento Bruno dice ‘yo firmé la confidencialidad’ y Eva le contesta ‘me robaron’, con lo cual queda clarísimo que lo que pasó está fuera de la ley. Nosotros necesitábamos para contar la historia una chica que está desesperada por conocer a su donante, y decimos todo el tiempo que no es el padre, debe estar dicho cinco veces por episodio. El aclara ‘padre es otra cosa’ o en otro momento le dicen que él en el fondo quería tener un hijo y él dice ‘yo quería llevarlo al colegio, cambiarle los pañales’. La serie busca hablar de que hoy en día tanto a partir de las donaciones como de las adopciones o del matrimonio igualitario hay miles de maneras de hacer familia”. Sin embargo, Estela Chardón, presidenta de Concebir y madre de Iara (quien dio su testimonio para este suplemento el año pasado. Ella fue concebida gracias a la donación de óvulos y conoce a su donante, a pesar de que el diario La Nación publicó erróneamente que “buscaba a su madre biológica” hace tres semanas y tuvo que retirar la noticia de su página web) mandó junto a Samer (Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva) un pedido a la productora para que al final de la serie aparezca una placa con datos certeros sobre dónde acudir en caso de dudas reales. UN DONANTE NO ES UN PADRE Resulta extraño que el Estado haya financiado una historia que propone estereotipos de familia que se contradicen con políticas concretas que este gobierno se ha dedicado a poner en la agenda legislativa. Basta con analizar el anteproyecto de reforma del Código Civil para encontrar allí un concepto que pone en jaque los cimientos de esta historia, la voluntad procreacional, que indica que los lazos familiares pueden estar constituidos no solamente como se entendía antes, es decir, biológicamente o por adopción, sino por la voluntad de conformar una familia sin la necesidad de que los datos genéticos de quienes conforman esa familia estén presentes en la descendencia. El artículo 561 establece que “los hijos nacidos de una mujer por las técnicas de reproducción humana asistida son también hijos del hombre o de la mujer que ha prestado su consentimiento previo, informado y libre en los términos del artículo anterior, debidamente inscripto en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas, con independencia de quién haya aportado los gametos”. Una figura nueva que se abre como un paraguas para cobijar a los hijos e hijas producto de estas técnicas en un país que ya tiene dos años de ley de matrimonio igualitario. La voluntad procreacional define al donante como la persona que dona su material genético para que otros sean padres, de manera que la cuestión de la alteridad es clave para entender por qué el donante no es un padre. No por nada se firma un consentimiento informado de ambas partes en donde el donante reniega de su responsabilidad paternal por un lado, y las familias asumen la responsabilidad de criar a ese hijo o hija por otro. El donante además está donando gametos, no una persona, lo cual amplifica una cuestión largamente discutida en los debates sobre el aborto y genera una confusión plus sobre el estadio de persona, que de ninguna manera tiene una muestra de esperma. Y por último, el donante es donante porque no es padre. Su definición per se es que dona justamente para que otros se conviertan en lo que él no es (por definición, si después en la vida real es padre lo será de sus hijos deseados). Si el donante quiere ser padre no es donante. “Si un compañero de trabajo necesita una transfusión y vos le donás sangre, él después no te plantea que vayan a vivir juntos porque vos le donaste tu sangre. Este tipo de planteos no se hace en otro tipo de donaciones: tiene que ver con preservar los lugares de cada uno porque estas estructuras funcionan cuando cada uno está en su lugar”, dice Andrea Majul, integrante de 100 % Diversidad y Derechos, casada con Silvina Maddaleno, con quien tienen trillizos gracias a una técnica de reproducción asistida. Y aporta de dónde proviene la bruma: “La construcción biologicista de la familia es muy fuerte y tiende a confundir origen genético con identidad e identidad con verdad”. Para la Dra. Vanesa Rawe, bióloga de la UBA y directora del banco de semen Reprobank, El donante reúne varios de los mitos y creencias falsas que rodean la donación de gametos, de semen en particular. “Nos llegaron cientos de mails y de mensajes de Facebook. La visión de nuestro banco ha puesto el foco en actualizar la mirada social sobre lo que significa la familia, desestigmatizar los vínculos familiares que no tienen origen biológico, apoyar la planificación familiar a conciencia y desmitificar nociones conservadoras. Esto implicaría quitarle peso a la visión biologicista, y por el contrario, darle protagonismo al deseo de crear un grupo de apoyo y vínculos afectivos. Dentro de este marco creo que podemos hablar de las diferentes maneras de armar una familia, del rol que juega la ciencia para ayudar en el proceso y de la necesidad de personas solidarias que donen células para que otras personas puedan realizar su proyecto” y ejemplifica algunos de los mitos que se presentaron como reales en el programa: “Un donante puede llegar a tener 144 hijos” Además de no ser “hijos” por no existir relación filial, en caso de ocurrir tan espeluznante ficción, sería exclusivamente resultado de la mala praxis de un banco y/o de sus profesionales. “La persona nacida del donante puede reclamar paternidad” Tanto donantes como receptoras firman documentos que los eximen de cualquier tipo de filiación de la persona que podría nacer (ej.: no le pertenece ningún tipo de herencia o manutención y el donante no tiene ninguna obligación a establecer una filiación con esa persona). “Las personas nacidas de donantes corren peligro de encontrarse, enamorarse y procrear, por eso no se debe donar” En base a la proporción poblacional respetada por la Organización Mundial de la Salud y guías internacionales aceptadas para el manejo de bancos de semen, un donante puede generar 15 embarazos cada 2 millones de personas (aproximadamente el número de población estable en Capital Federal). Las probabilidades de que las 15 personas se encuentren es del 0,00075 por ciento. En ese remoto caso, e imaginando que dos de esas personas procreen, el único supuesto riesgo es la aparición de enfermedades consanguíneas, muy poco frecuentes, que se dan sólo luego de varias generaciones consecutivas de consanguinidad. “Los datos de un banco son de fácil acceso con técnicas de ‘hackeo’. Cualquier informático podría acceder al sistema del banco” Los bancos que respetan los reglamentos internacionales para la custodia de datos los manejan desde un programa especialmente diseñado. La información de donantes y receptoras está exenta de hackeos, ya que se encuentra contenida en servidores propios sin acceso de ingreso o egreso a Internet. LA FAMILIA DIVERSA Una pareja heterosexual recurre a una donación de semen. En el momento en el cual nace el hijo, el padre puede anotar a ese hijo como propio. La ley en ningún momento le pregunta ni le preguntará si es el padre biológico. En ese sentido queda claro que la voluntad de paternar o de maternar es mucho más fuerte que el origen biológico, y esta disposición proviene del Código Civil tal y como está redactado desde 1891. Ahora bien, en el caso de las parejas del mismo sexo, no se permite anotar a los chicos: tenés que estar casado legalmente y es más complejo que un simple trámite. Hoy la única manera de reconocer hijos en parejas del mismo sexo es con matrimonio legal de por medio y habiendo tenido el hijo o la hija después de la sanción de la ley, porque si son hijos preexistentes, como en el caso de Maddaleno y Majul, la ley no las ampara. La decisión de ellas fue no judicializar, otras organizaciones sí presentaron amparos donde el camino incluye evaluaciones y asistentes sociales. Majul dice que no le va a probar a nadie que sus hijos son sus hijos. La adopción es otra alternativa, pero también tiene consecuencias ridículas: la más obvia es el hecho de adoptar a hijos que ya son propios, pero además los derechos no son los mismos, porque la adopción simple recorta el vínculo en el adoptante, de manera que la madre no es abuela de los chicos, la hermana no es la tía, etc. Por eso es que ellas trabajan en varias estrategias para llenar el vacío legal que existe si, por ejemplo, la madre biológica (Silvina) de los trillizos se va de viaje y uno de los chicos cae enfermo: Majul no tiene derecho legal a ver a su propio hijo internado. No se puede pedir días en el trabajo, no puede darles la obra social ni puede buscarlos en el jardín sin que su esposa la autorice mediante una nota firmada a principio de año. “En el anteproyecto también se está trabajando en la cláusula de retroactividad para evitar la necesidad del casamiento, pero es importante visibilizar que hay al menos 500 familias que están en esta situación y que todavía no está resuelta”, dice Majul. LA POSIBILIDAD DE UNA LEY Hay firmes posibilidades de que este año se debata una ley nacional de reproducción asistida, que se viene discutiendo en el Congreso y en las diferentes comisiones desde hace años y que ya tiene un antecedente en la provincia de Buenos Aires, en un contexto sumamente restrictivo (pone en los 35 años el tope de edad para solicitar la cobertura de las técnicas, sólo habilita a parejas heterosexuales casadas legalmente) pero es un antecedente y un espejo donde mirar lo que sería mejor evitar en una ley nacional. Hay varios proyectos, pero el cambio de legisladores del año pasado volvió la cuestión a una suerte de fojas cero donde los debates van a volver a darse, pero uno de los puntos más delicados se refiere a la identidad del donante. Para Maddaleno cada familia mantiene, oculta o hace lo que quiere: “Nosotras no podemos ocultar mucho, está claro que nuestros hijos nos van a preguntar en el futuro, por eso estamos de acuerdo en que todos los chicos tengan derecho a conocer su origen, cuando los nuestros pregunten se les dirá que su origen es una técnica de reproducción asistida. Determinado malestar que puede llegar a surgir de chicos nacidos de reproducción asistida puede surgir de que en algún momento no se les plantearon las cosas claramente. Nuestros hijos no preguntan por el donante, tienen 4 años, pero preguntan por qué algunos tienen papá y mamá si ellos tienen dos mamás, pero cuando pregunten serán informados, lo que no quiere decir que tengan que saber un nombre o apellido o le tengan que tocar el timbre a nadie”. Para Chardón, en cambio, la identidad es un derecho fundamental del hijo por nacer que debe estar en la redacción de la ley. “Es algo que está pasando en todo el mundo y me extraña que en un país como la Argentina, con un pasado tan fuerte en cuanto a identidad se refiere, y más en la gestión de este gobierno, no quiera garantizar este derecho básico y fundamental. Estoy totalmente de acuerdo con la voluntad procreacional, de hecho cuando los chicos conocen a sus donantes no pasa nada, es una fantasía ridícula la que fomenta el programa, pero creo que es una información que debe estar disponible a partir de los 18 años.” Para Majdalani una cosa es que los hijos nacidos por reproducción asistida conozcan su origen genético, otra cosa es que no exista más el anonimato. La situación del donante, la naturaleza del donante, es la de no establecer un vínculo con la persona que podría llegar a ser creada a través de la donación. “Me molesta que se relacione el origen genético con la identidad, la identidad es algo muchísimo más amplio que no se da desde lo biológico, es una construcción social y cultural que involucra millones de cuestiones. Teniendo en cuenta que no son sectores fundamentalistas de la Iglesia los que hacen tanto hincapié en este punto, que lo relacionen con los hijos robados en la dictadura me parece aberrante. La donación contribuye a tu origen genético pero no a tu identidad, y emparentarlo con delitos de lesa humanidad es una locura. Uno es un acto volitivo y el otro es un crimen”, completa Majul. La ley es necesaria para proteger a quien dona, sea varón o mujer, pero además apunta a considerar el asunto como un derecho sexual y reproductivo que debe ser incluido en el PMO sin necesidad de ser tratado como una enfermedad, como apunta el proyecto de Marcela Rodríguez, diputada de Democracia Igualitaria y Participativa, al tiempo que incluye a las parejas del mismo sexo y a las mujeres solas. Pero el que obtuvo el dictamen de mayoría a fin del año pasado fue el de Silvia Majdalani, diputada del PRO, que establecía restricciones para esos mismos casos y solicitaba la apertura de los datos del donante. Qué será de esa ley y de este debate es algo por definirse este año. Mientras tanto, El donante deja pocas preguntas y un clima tibio en relación, por ejemplo, con las ideas, venidas y pesadas discusiones que hubo en relación con el matrimonio igualitario, la muerte digna o la Ley de Identidad de Género. “Una persona puede tener novio o novia y si todavía no lo saben es porque no se lo explicaron”, dijo con naturalidad Santiago, hijo de la pareja consultada para esta nota, en el medio de su sala de jardín. La maestra le contó a las mamás que desató una explosión generalizada en el aula. Si la diversidad se instala en los jardines de infantes y es capaz de mover los lápices y cartulinas del centro para que los chicos se agiten y piensen, ¿por qué una ficción pensada por gente grande y preparada no puede, cuanto menos, moverle la pequeña estantería a alguien? Por ahora, El donante no lo logra y todavía faltan 10 capítulos de lugares comunes. Para leerlo en su web original...http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-7298-2012-06-08.html

miércoles, 11 de enero de 2012

Testimonio de una adolescente nacida por donación de óvulos

Gracias a una compañera del foro Mamas solteras... , me llega esta interesante entrevista de una adolescente nacida por donación de óvulos. Su madre fundó la asociación Concebir en Argentina y claman y reclaman el derecho de los niños a saber hasta sus últimas consecuencias.


                             


lunes, 14 de noviembre de 2011

Mspe con dos niños adoptados. Testimonio

Os traigo el testimonio en primera persona de Madre de Marte , compañera mspe y que escribe un blog en el que trata de la monoparentalidad y la adopción. Se lo agradezco mucho!

Cuando era pequeña y pensaba el año 2000 (yo tendría 28 años), me imaginaba casada, trabajando, viviendo en un piso del barrio de Gracia y con dos hijos pequeños.
Quería hijos desde aquel verano en que llegué a Menorca, y conocí a A., un niño de 4 meses, hijo de una amiga de mi madre que fue, curiosamente, la primera madre soltera que conocí (el padre era un amigo con el que no convivió nunca, y en aquella época fue un escandalazo: sus padres llegaron a negarle la entrada en su casa).
Pero yo no me imaginaba como madre soltera: me imaginaba una familia convencional, con pareja (con marido) e hijos. Y quería ser madre joven, quizás porque fui hija de padres jóvenes…
Me emparejé joven, me fui a vivir joven con mi novio… y me separé joven. Justo en la época en la que empezábamos a buscar un hijo en común. Fue entonces cuando me di cuenta de que me horrorizaba que aquel chico se convirtiera en el padre de mis hijos.
Tenía 26 años.
A pesar de que la decisión la tomé yo, fue dura. Y reconstruir mi vida, más todavía. Me di cuenta de todo a lo que había renunciado por él: había hecho míos sus amigos (o las novias de sus amigos), sus planes de vida, sus costumbres, sus bares de copas, hasta su familia. Así que me sentí como si empezara de cero. No fue fácil, pero fue muy enriquecedor, muy gratificante.
Llegó el año 2000 y yo no tenía marido, ni hijos, ni piso en propiedad… eso sí, vivía en Gracia. Y trabajaba en algo que me encantaba.

Y cuando llegué a los 30, me di cuenta de que mi vida me gustaba. Mi trabajo, mis libros, mis amigos, mi barrio, mis viajes. Y que empezaba a apetecerme tener un hijo. “Igual es un arrebato – me dije – esperate un año”.
Y un año más tarde, lo tenía más claro todavía.
Mi primera opción fue la reproducción asistida. Quizás porque había vivido la experiencia de adopción, muy dura, de unos amigos; quizás porque siempre había esperado que mis hijos crecieran en mi vientre.
Llegué a visitar varias veces una clínica de reproducción asistida, y no me gustó lo que vi. El dinero que se iba en cada visita. La disponibilidad que se me exigía – estar a horas fijas en días concretos, ¿cómo me organizo en el trabajo para hacerlo? El paternalismo del médico. La incertidumbre del resultado.
Yo no necesitaba que mis hijos llevaran mis genes, me dije. Y aún así, lloré por la pérdida de ese bebé que no crecería en mi vientre. Tres cosas me parecieron dolorosas: no poder acunarlo siendo un bebé, no llevar ropa de embarazada y no escoger su nombre.
Y un día de principios de 2004, entregué la solicitud de adopción. 3 meses más tarde me llamaron para hacer los cursos. Era un viernes, día de St. Jordi, fiesta grande en Catalunya. Tú, que te convertirías en mi hijo mayor, habías nacido menos de una semana atrás, el domingo anterior, aunque lógicamente, esto no lo sabía.

En la adopción fue todo rodado. Tardé unos días en escoger país, pero cuando lo escogí supe que no podía ser otro. En la obtención del CI no me sentí nada cuestionada, sinó acompañada. Y lo que se me hizo más duro fue la espera, que visto desde ahora no fue tan larga… 2 años y medio desde el inicio de todo, pero que entonces se me hizo eterna.
Un día de julio me llamaron para comunicarme que me habían asignado un niño de 2 años, guapísimo, tremendísimo, y que lloraba en todas las fotos como una magdalena. 6 días más tarde, me fui a buscarte, acompañada del abuelo, mientras dejaba al resto de la familia organizándolo todo: montando la habitación, comprando ropa… por superstición, no había adelantado nada.
Al día siguiente de llegar a Addis, te conocí. Hacía 4 días que un juez te había convertido en mi hijo mayor.
Tenía claro desde el principio que quería más de un hijo; al menos dos. De hecho mi pretensión era adoptar a 2 niños de golpe, pero cuando hice el CI, me dijeron que ni hablar… lo agradecí cuando te conocí y me di cuenta de que necesitabas toda la atención que pudiera darte, y más.
1 año y medio después de tu llegada, presenté la segunda solicitud, para el mismo país. La espera había aumentado, pero no me importaba. Pensé que cuando llegara tu hermano, tu tendrías unos 7 años y yo podría optar a un niño algo mayor, de 3 o 4.

Pero cerraron la posibilidad a las monoparentales de adoptar en ese país y tuve que buscar otro… no había ni de lejos tantas opciones como 3 años antes, y al final me decidí por otro país africano. Un lugar al que podía ir a buscar inmediatamente un niño, y aunque yo habría preferido esperar, después del cierre de un país, no quería arriesgarme a otro… y me fui. Me fui detrás de una pareja amiga que me dijeron que, en el orfanato de su hijo, había un niño de 18 meses listo para ser adoptado. Y así fue como nuestra pequeña familia se convirtió en menos pequeña, cuando otro juez decretó que tú te convirtieras en mi segundo hijo.

viernes, 22 de julio de 2011

MSPE y discapacidad: testimonio.

Mi compañera Ushi ha accedido muy amablemente a contarnos su experiencia como MSPE con un hijo con síndrome de down. Además Ushi lleva unso meses buscando el segund@.
Puedo imaginar el estupor general que la rodea con este tema dado que cualquiera de nosotras hemos tenido problemas o malas caras de parte de nuestro entorno al ir a por otro hijo. Pero, bueno, el tema principal es ella y su hijo ya nacido...Mil gracias!



Se me hace difícil poner por escrito muchos de mis sentimientos que, seguramente, todavía, después de más de dos años, no están claros del todo y, cuando lo están, cambian de un día para otro.
Tras años de dudas, hojas de Excel y consultas con la almohada, hace algo más de 4 años me embarqué en esta aventura de la maternidad en solitario. Tras 6 IAs fallidas y compartidas con muchas MSPE en nuestro viejo foro, la primera FIV tuvo, por fin, éxito. Ahora pienso en aquella época y me siento un poco ingenua, recuerdo mis temores y cómo lo que parecía complicado luego no me ha dado más de dos minutos de preocupación, pero evidentemente mi caso no es el habitual. Mi hija nació con Síndrome de Down, por sorpresa, como en la mayoría de los casos que en estos dos años he conocido.
No creo que nadie esté preparado para que el que va a ser el mejor día de su vida se convierta, en un minuto, en el peor. Es muy duro. En mi caso, en aquel paritorio, mientras me daban los puntos tras un parto facilísimo, fue como una caída en un pozo negro y profundo del que estuve segura que no saldría nunca. Me equivoqué, gracias a Dios o la capacidad de superación que todos tenemos aunque lo desconozcamos.
Me di cuenta rápidamente de que no hay hoja de Excel capaz de cuadrar ni una mínima parte de lo que es la maternidad. Que en mis cálculos estaban los pañales, la guardería y hasta los puntos para entrar al cole, pero no había ni un hueco para un cromosoma de más, ni para un autismo, ni para un pequeño accidente cerebral en el parto, ni para una grave enfermedad mía… no es que todos los niños que habitaban mi imaginación fueran de anuncio, pero jamás ninguno tuvo una discapacidad. La posibilidad de no ser madre siempre estuvo en mi mente, pero las otras, no. Y cuando uno empieza a conocer este mundo y entra en asociaciones, acude a sesiones de estimulación, logopedas, rehabilitaciones varias… se da cuenta de lo que es el mundo real y, sorprendentemente, de que todo ese mundo oscuro desde fuera es, para miles de familias, felizmente normal.
Con esto no pretendo caer en otra ingenuidad. Nada de “angelitos”, ni “bendiciones del cielo”. El futuro es complicado, pero voy aprendiendo, con cierta dificultad, a pensar sólo en el día a día. Y éste, de momento, no está siendo especialmente difícil. Algo más de dedicación que a otros niños, grandes alegrías cuando se van logrando objetivos, miradas de cariño por todas las esquinas, amigos en cada pasillo del súper, y todo el entorno cercano completamente volcado. La crianza, salvo la lactancia, creo que, de momento, es más fácil de lo que hubiera sido con otro hijo, porque ésta es una bendita, dócil, come bien, duerme de maravilla y está contenta las 24 horas del día.
El nacimiento de mi hija me ha permitido también conocer a muchas familias admirables a las que, de otra forma, no hubiera conocido. Gente que sigue adelante, con toda la ilusión del mundo, después de un revés y de otro y de otro. Esto seguro que os suena, porque la “escuela de la fertilidad” es buena para ese aprendizaje.
No sé muy bien si mi historia puede aportar algo a quienes están en este camino. No querría desanimar a nadie, sólo aportar una visión diferente de nuestra opción. No sé qué extraña lógica me hacía pensar a mí durante tanto tiempo que, si lograba el ansiado positivo, todo tenía que ir bien, esa sensación de “con lo que me ha costado, con lo mal que lo he pasado, nada se puede torcer ahora”. Ahora sé que las cosas son mucho más complicadas. El nacimiento de nuestros hijos es sólo una etapa más, no la meta, nadie sabe cómo va a ser la siguiente, ni las demás. Muchas de ellas no dependen de nosotras en absoluto, pero sí el modo en que las afrontemos.
He escrito antes que la discapacidad de mi hija fue una sorpresa, como en el nacimiento de la mayoría de los niños como ella. Esto es así, obviamente, por la amniocentesis. Ahora mismo el 95% de los niños diagnosticados con Down durante el embarazo, no llegan a nacer. De hecho, en estos años, sólo he conocido el caso de un niño nacido tras una decisión meditada posterior a la amnio. El resto son “completas sorpresas” o sorpresas con matices. Algunas de las familias relatan sospechas durante el embarazo: pliegue nucal algo aumentado o en el límite (como fue mi caso), análisis de sangre con alguna elevación, sospecha de cardiopatía… en estos casos, no pasaron de ahí porque no nos sometimos a amniocentesis. ¿Por qué? Os podéis imaginar que las razones son tantas como las familias. En el hospital en que nació mi hija y casi todos los niños de esta ciudad, el riesgo de aborto tras la amnio fue ese año del 0,9%, razón más que suficiente para que muchas madres nos echemos para atrás y más si el embarazo ha sido difícil de conseguir. En mi caso, esta razón tuvo mucho peso. A la vez, tenía gran confianza en la eco de las 20 semanas, que no mostró nada anormal. El embarazo no fue fácil porque tuve un hematoma durante meses, así que la verdad es que yo sólo soñaba con ir cumpliendo semanas y que la criatura fuera viable. Tenía que salir bien. Por otra parte, sin querer ahora entrar en polémicas, el aborto nunca había entrado en mis planes, ni siquiera la amnio. En todo mi entorno de hermanas, primas, amigas, compañeras de trabajo… no conozco más que a una persona que se la haya hecho. Sé que es raro, debo de vivir en una extraña burbuja, pero tomar la decisión de que mi hija no naciera porque su discapacidad iba a romper todos mis planes de felicidad era inasumible para mí. No quería, siquiera, tener la posibilidad de decidir sobre la vida de otro porque ambas opciones eran terribles. Preferí dejar que la naturaleza decidiera por mí, aunque ya he dicho que la sospecha de lo que venía fue mínima y me las arreglé para convencerme de que un pliegue de 2,4 para muchos entra en los parámetros normales.
Hoy todo aquello queda lejos. Tan lejos como para estar de nuevo en la lucha y tener que ponerme mi banderilla dentro de 5 minutos. Me he animado a ir a por el segundo, una completa insensatez, el acto más egoísta y animal de toda mi vida, pero es bueno tirar a la basura el Excel de vez en cuando. Necesito físicamente vivir otro parto, necesitamos que nuestra vida no gire en torno al dichoso síndrome, necesitamos peleas, compañeros de juegos y de conversación… Es una decisión muy complicada, sobre todo pensando en quien pueda venir, porque a las que aquí lo esperamos sólo nos puede traer cosas buenas (o no, nunca se sabe). De momento, nos hemos agarrado a la pequeña “garantía” del DGP. Si llega, habrá que seguir tomando decisiones difíciles. C’est la vie!

Ushi

jueves, 2 de junio de 2011

Maternidad subrogada: testimonio

Quiero compartir con vosotr@s el relato que generosamente ha escrito una compañera que tuvo a su hija el año pasado en USA gracias a esta forma de llegar a la maternidad/paternidad. De hecho para los hombres es casi el único camino real, pues aunque la adopción esté permitida en España para ellos , la realidad es que los países de origen de los niños ,no los aceptan.
Este camino no es entendido por todo el mundo; ella ha querido compartirlo y ponerse a nuestra disposición para contestar o ayudar si alguien requiere información específica.
Por mi parte, he aprendido que en este viaje a Australia hay que tener cuidado en donde nos ponemos el límite, pues cuando llegamos a él, el deseo inquebrantable sigue ahí...
Lo digo yo, embarazada de dos tesoros donados por una pareja y que cuando lo intentaba con mis óvulos, decía que nunca llegaría a la ovodonación, pues ya tenía un hijo de mis óvulos y al fin y al cabo ya era madre...
Me cuesta, como a casi todos, entender a estas mujeres que gestan un bebé y al nacer se lo entregan a otra persona ; pero también creo que en el caso de USA ,donde son mujeres con hijos , trabajo y que no necesitan el dinero, es muy especial...no creo que ni nos podamos imaginar esa especie de solidaridad-generosidad que tienen algunas mujeres norteamericanas.
Me preocupaba mucho la vida prenatal, el contacto madre gestante y niño, pensaba que no se conectarían nada con él, para no sufrir...pero, no sé , de repente el otro di entendí que seguramente si que se conectan con él, si que le hablan, si que le hacen sentir querido ,por supuesto desde el sitio en el que alguien le está trayendo a este mundo con mucho amor, pero para otras personas... es díficil...
Os pego también el link del artículo que publicaron esta semana en EL País semanal
Aquí va el relato:
MATERNIDAD SUBROGADA, OTRA ALTERNATIVA DE SER MAMA.
Es muy difícil transmitir en tan poco espacio la aventura que yo he vivido para conseguir mi sueño de ser madre, quizá poco convencional pero tan digna y válida como el resto… Me llamo Cristina, soy soltera, tengo 36 años y una niña preciosa de 11 meses en este momento, sin duda lo mejor de mi vida, la adoro y cada vez que la miro me confirma que todos los sacrificios hechos para traerla a este mundo, han merecido muchísimo la pena. Mi aventura comenzó hace mas de tres años, cuando tras unas pruebas detectaron un problema en mi útero que hacía imposible llevar a término un embarazo, en ese momento creí que todas las puertas se cerraban de golpe y que mi sueño de ser madre se había truncado, pero yo nunca quise creer en ello, siempre pensé que tenía que haber una solución, yo siempre supe que tenía que ser madre, que todo no podía acabar ahí. En ese momento puse mis ilusiones en la adopción, pero una vez iniciados los trámites para la idoneidad decidí desistir puesto que los solteros tenemos un trato discriminatorio respecto a los matrimonios, un farragoso proceso de bastantes años y saber que mi expediente siempre iba a estar por debajo de la inmensa mayoría, fueron desgraciadamente, razones más que suficientes para no sentirme con fuerzas de ir por esa vía. Yo sabía que existía la subrogación, pero no tenía ninguna información al respecto, así que decidí comenzar a documentarme sobre este tema a través de internet, tenía que encontrar una salida y así fue. Tras muchos meses de estudiar el tema, de informarme legalmente, de hablar con varias personas en España que ya habían pasado por esto, tras escribir a unas cuantas agencias en los EE.UU para recabar información, etc, por fin, tomé la decisión de lanzarme a la piscina en una agencia del estado de Illinois, con la que ya tenía contrastada información y sabía de su gran profesionalidad. Tras cruzarme varios mails con ellos, y una conversación telefónica, decidí trabajar con ellos en diciembre del 2008 y para febrero del 2009 me presentaron a la que fue mi maravillosa madre subrogada, una joven de 28 años, con dos niñas, que trabaja en un banco y casada con un policía. Cuando ví su foto, supe que sería ella la que me iba a ayudar a traer a mi futuro hijo/a al mundo y no me equivoqué. Mi primer viaje a Chicago fue para Marzo de ese mismo año, donde tuve la oportunidad de conocerla a ella y a su marido personalmente, cenamos juntos, hubo muy buen feeling y allí tuve el privilegio de conocer a una magnífica persona, con una generosidad increíble, porque no os penséis que solamente esto es una cuestión de dinero para ellas, eso nunca es el principal motivo porque no se puede pagar todo lo que ellas hacen por nosotros os lo aseguro, es también su gran humanidad y sus ganas de ayudar a ser padres a quien realmente no pueden serlo ya que todas son madres, sensibilizadas con la maternidad y con la desgracia que supone no poder hacerla realidad. De hecho, no solo fui yo la que la elegí a ella sino que ella también me eligió a mí, ellas quieren estar seguras de a quien van a ayudar, cosa perfectamente entendible porque a lo largo del proceso entran en juego muchas emociones, hay mucha comunicación y es muy importante que haya muy buena relación y además ellas quieren estar seguras que ese bebé tendrá una buena familia. En ese mismo viaje también conocí a las personas de la agencia que me presentaron a mi subrogada y que también actúan de administradoras para ir pagando todos los gastos que se van generando a lo largo de todo el proceso; así como al ginecólogo y abogada que iban a intervenir, puesto que tuve que negociar un extenso y complejo contrato y también tuve que pasar por muchas pruebas ginecológicas y sanitarias, ya que mi hija nació de un óvulo mío y un donante de esperma que yo misma escogí porque en los bancos de esperma de EE.UU te dan la opción de elegirlo a través de unas fichas con las características del donante. En Junio de ese mismo año viajé a Chicago de nuevo para llevar a cabo el tratamiento, punción y posterior transfer a mi subrogada pero en este primer intento no pudo ser. Después del consiguiente disgusto, decidí seguir adelante y volverlo a intentar tres meses mas tarde repitiendo todo el proceso de nuevo con todo el coste económico y psicológico que esto supone, pero volví a viajar a Chicago para Octubre y tras extraerme 9 óvulos, se consiguieron 3 embriones de buena calidad que fueron transferidos a mi subrogada y de la que quedó embarazada de dos, aunque uno de ellos dejó de crecer y se reabsorbió, pero mi niña continuó adelante hasta el 24 de Junio del 2010, día que nació mi hija, sin duda el mejor día de mi vida, nunca olvidaré el momento en que la ví salir de la barriguita con esa luz blanca que la iluminaba….Cuanto pude llorar… Los nueve meses anteriores son realmente intensos, es como una gran montaña rusa donde hay días que estás eufórico, como cuando tu subrogada te envía las ecografías y te confirma que todo va bien y que tu hijo crece bien y sano, como días en los que te mueres de miedo pensando en lo lejos que estás y en la de cosas que pueden ocurrir sin tu poder controlarlas ni hacer nada, pero en mi caso puedo decir que mi subrogada me tenía informada semanalmente de su estado, de todas sus sensaciones, de cómo crecia su barriguita…. Me hizo muy participe de todo, incluso me enviaba videos que su marido grababa en el momento de las ecografías. Yo fui muy afortunada de contar con una mujer tan maravillosa como ella, sé que no en todos los casos es así, pues hay muchas mujeres que prefieren tener el mínimo contacto con los futuros padres para no implicarse mucho emocionalmente, pero el día del nacimiento de mi hija, fue una fiesta en el hospital, sus hijas se pusieron pegatinas que decían “your big sister” “tu hermana mayor” y es que realmente ellas sienten como si fuera así, aún sabiendo que no lo es. Me llenaron la habitación de regalos, globos, tarjetas dedicadas… Inolvidable!!! Todo eran sonrisas, cariño, afecto, emoción, amor y felicidad en aquella habitación, ninguna queja ni ningún mal gesto de dolor…. ¿Alguien puede imaginar semejante acto de generosidad? Ella es así. Hoy esa familia, es mi familia americana, y espero que siempre sea así. Va por ti querida amiga, siempre estarás en mi corazón y en el de mi hija.
 
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